“El secreto de mi felicidad está en no esforzarse por el placer, sino en encontrar el placer en el esfuerzo”. “La posesión completa sólo se demuestra dando. Todo cuanto no podemos dar nos posee”.
Estas frases fueron dichas por el escritor André Gide.
Gide nació en París 1869 y murió en 1951. Fue huérfano de padre y criado por una madre invasiva pero como no tenía problemas económicos Gide, fue educado en un rígido protestantismo y cultura refinada, por ello recibía constantemente cuestionamientos de parte de sus profesores por sus malas costumbres.
Él mismo contaría esas malas costumbres eran su inclinación a la masturbación y sus compañeros lo llamaban mariquita. Como consecuencia de esta niñez y adolescencia un tanto diferente, André Gide tuvo varias crisis nerviosas que lo sometieron a curas e internaciones. Pero fue un escritor de lo más prolífico.
En 1909 fue uno de los fundadores de la Nueva Revista Francesa, la primera revista literaria de nuestro siglo, que determinaba lo que se debía y lo que no se debía leer en Francia. Fue, en 1947, uno de los pocos escritores que recibió con aprobación unánime el premio Nobel de literatura. Y nuestro Borges lo definió en pocas palabras: "Gide, que de tantas cosas dudó, parece no haber dudado nunca de esa imprescindible ilusión, el libre albedrío. Predicó el goce de los sentidos, la liberación de las leyes morales, la cambiante "disponibilidad" y el acto gratuito que no responde a otra razón que al antojo y, como escritor, siempre fue fiel a la buena tradición de la claridad".
Dijimos que era un escritor prolífico y a éste adjetivo la recordada Marguerite Yourcenar lo llamó escritor “proteico”, un calificativo particular por lo de tan prolífico. André Gide fue tan particular que tuvo amigos fieles y enemigos encarnizados y cambiantes. Ya comentamos su biografía muy marcada por sus comportamientos sinceros.
Gide fue apaleado desde todos los rincones, pero la historia literaria y el tiempo lo coloca como un escritor de enorme estatura intelectual y literaria.
En cuanto a la espiritualidad y la fe, en él convivían sentimientos místicos y desasosegados con un descreimiento religioso y cierta impiedad que lo tenían atrapado. Él era amigo del poeta Paul Claudel católico y otros escritores que se volcaron hacia el catolicismo. En 1914 publicó una farsa sobre la Iglesia, "Los sótanos del Vaticano”, y no fue sólo por esto que, a su muerte, en 1951, la totalidad de su obra fue incluida en el Índice de Libros Prohibidos por la Iglesia. Gide abrió los ojos al pensamiento de los jóvenes, según la opinión de muchos, y para otros fue un corruptor de la juventud, por ejemplo en su obra “Si la semilla no muere de 1926, el primer y principal tomo de sus memorias, donde, entre otras cosas, detalla su descubrimiento y prácticas como homosexual".
Entre sus muchos amantes masculinos, el compañero más fiel y estable -luego como amigo- fue Marc Allégret, a quien conoció cuando el futuro e importante cineasta tenía 17 años, su confeso entusiasmo por los muchachos argelinos sus andanzas con Lord Douglas (amante a su vez de Oscar Wilde), las innumerables referencias en las cartas a su madre y en toda su narrativa a esos niños pequeños por los que se apasionaba, le valieron como dijimos, la acusación de corromper a la juventud.
Un capítulo aparte conforman las mujeres en la vida de Gide, fueron varias mujeres las que tuvieron un papel central y decisivo en la agitada vida de Gide: su madre, por supuesto; la dulce Anna Shackleton, primero gobernanta en su casa familiar, y luego amiga íntima de su madre viuda, y siempre confidente del escritor; su prima Madeleine, de la que se enamoró platónicamente en su juventud, con la que se empeñó en casarse y con la que se casó y nunca consumó su matrimonio; la finísima escritora belga Mary van Rysselberghe, también confidente y compañera de viajes; Élisabeth, hija de la anterior, que quiso ser madre y el escritor la complació, naciendo así, en 1923, Catherine Gide.
Gide impuso al francés un estilo puro. De su extensa obra, que abarca casi todos los géneros, quizás lo más actualizado para leer por estos tiempos sea el Journal, un diario en el que Gide cuenta la historia de alguien que se pasó la vida buscando realizar su obra maestra y no la logró. O tal vez sí, tal vez sí la logró, y su obra maestra sería entonces paradójicamente ese Journal que iba reflejando la búsqueda de su obra cumbre, sin llegar a poder rivalizar con las obras maestras de Proust y otros contemporáneos suyos, es hoy una cumbre literaria: la apasionante historia de la búsqueda de ese Santo Grial que es toda obra maestra.
Nuestro escritor francés quiso ser el mejor de todos los literatos de su tiempo y en muchas ocasiones creyó serlo, mostrando estar encantado consigo mismo y su situación personal de esos momentos. Cero modestias. El 19 de mayo de 1917, anota en su Journal. El narcisismo recorre todo el Journal, a veces teñido de un toque de estudiada humildad. Puede decirse que Gide fue el pionero en crear un Diario ficticio como recurso literario y éste se sitúa en la estela de los grandes diarios íntimos y póstumos del XIX , con el diario íntimo se convirtió en un género literario en el que no tardarían en brillar con luz propia los diarios de Virginia Woolf, Gombrowicz, Gracq y otros.
El poeta español Luis Cernuda escribió en 1951, un poema con ocasión de la muerte de André Gide, que revela la devoción que siempre sintió por su primer mentor espiritual, y dibuja un diálogo implícito permanente y sostenido a lo largo de su lectura:
Si en soledad alzabas la cabeza,
Sonreír le veías tras sus libros.
Ya entre ellos y tú falta la sombra,
Falta su sombra noble ya en la vida.
Bien pocos seres que admirar te quedan.
André Gide ganó el Premio Nobel de Literatura en 1947. Aun así, sus libros fueron prohibidos por la iglesia durante mucho tiempo. Sin embargo, su obra y su legado fueron la guía para muchos de sus contemporáneos, como Albert Camus y Jean Paul Sartre. Sus obras completas se encuentran en la sala de colecciones especiales de la biblioteca del Congreso de la Nación.
Secretos en la Reservada: Programa realizado con material bibliográfico de la Biblioteca del Congreso de la Nación. Secretos en la Reservada es un programa cultural que se emite por la radio de la Biblioteca del Congreso -www.bcnradio.com.ar-
Guión e investigaciones: María Julia Rillo
Voces: Silvana Castro y Azat Ambartsoumian
Pueden escuchar el programas mediante el siguiente hipervículo: Secretos en la Reservada - André Gide
Fuentes bibliográficas
Gide, André, 1869-1951. Así sea. Buenos Aires, Sudamericana, 1953.
Gide, André, 1869-1951. Asi sea a la suerte echada. Buenos Aires, Sudamericana, 1953.
Rilke, Rainer María, 1875-1926. Correspondencia. Buenos Aires, Central, 1953.
Gide, André, 1869-1951. Defensa de la cultura. Santiago de Chile, Moderna, 1937.
Gide, André, 1869-1951. Diario 1889-1949. Buenos Aires, Losada, 1963.
Gide, André, 1869-1951. El inmoralista. Buenos Aires, Debolsillo, 2008.
Gide, André, 1869-1951. El inmoralista. Buenos Aires, Debolsillo, 2015.
Gide, André, 1869-1951. El inmoralista. Buenos Aires, Argos, 1947.
Gide, André, 1869-1951. El regreso del hijo pródigo. México, Séneca, [1912?].
Gide, André, 1869-1951. Et nunc manet in te. Buenos Aires, Losada, 2011.
Gide, André, 1869-1951. La literatura comprometida. Buenos Aires, Schapire, 1956.
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Gide, André, 1869-1951. Los cuadernos y las poesías de André Walter. Buenos Aires, Schapire, 1954.
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Gide, André, 1869-1951. Si la semilla no muere.... Buenos Aires, Losada, 1951.
Gide, André, 1869-1951. Si la semilla no muere. 4a ed. Buenos Aires, Losada, 1969.
Gide, André, 1869-1951. Viaje al Congo. Buenos Aires, Raigal, 1955.

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