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El Matadero de Echeverría


“A pesar de que la mía es historia, no la empezaré por el arca de Noé y genealogía de sus ascendientes como acostumbran a hacerlo los antiguos historiadores españoles de América, que deben ser nuestros prototipos. Tengo muchas razones para no seguir ese ejemplo…”
Así comienza Esteban Echeverría su obra El Matadero.


El Matadero fue escrito entre 1838 y 1840, y lo dio a conocer Juan María Gutiérrez. En la Revista del Río de la Plata, precedido de una advertencia, que es a la vez noticia y juicio crítico. Esta advertencia se ha ido reproduciendo en casi todas las ediciones posteriores del cuento.

Recordemos que en la sala de Colecciones Especiales de la Biblioteca del Congreso de la Nación tenemos la Biblioteca personal de Juan María Gutiérrez y las obras completas de Echeverría editadas por el mismo Gutiérrez.

Dicho esto, pasemos al cuento El Matadero. Podemos pensar que El matadero nace de una urgencia espiritual: expresar el estado de ánimo de alguien que está viviendo una realidad determinada que le disgusta y busca un cauce en la expresión literaria.

El escritor contemporáneo Caparrós nos introduce en el tema: “Echeverría escribe y recuerda la situación del matadero el año anterior, cuando las lluvias torrenciales impedían que llegara el ganado y no había qué faenar y los ratones se morían de hambre y la Aldea se empezó a quedar sin carne y hubo enfermedades y precios impagables y un par de curas que clamaron la cólera de Dios y …al fin después de dos semanas entró una tropa de ganado gordo…y el primer novillo fue para el Restaurador.”

cheverría toma notas en su exilio de Los Talas donde frecuenta a su hermano y se impregna de los olores de los caballos, de la tierra cuando llueve, de las flores, del sudor de los hombres que obedecen, de la carne asada, olores y formas de esa manera de patria.

Esteban escribe con indignación, pero con el placer estético del romanticismo en su interior. Así el cuento está pergeñado como documento de una época, y le sirve al autor de medio de examen y denuncia con fin de trascender. Denuncia la práctica de los seguidores del tirano, su brutalidad.

La descripción del matadero del Alto es un cuadro abigarrado que tiene elementos realistas de las costumbres, pero no es una pintura estática, por debajo de sus colores, late y combate el drama de una época que, a la mirada de Esteban, se desgarra. Se presiente la angustia de la clase ignorante como correlato de su envilecimiento y desesperación convirtiéndose en creyente de la causa de Rosas.  Pero Echeverría no quiere denunciar el drama de hambre, a él le es antipático el negro, el mulato y el criollo. Lo que quiere mostrar es la base humana degradada en la que el Restaurador asentaba su poder físico.

El cuadro al que nos referimos se idealiza por la mirada política del autor: Echeverría mira la realidad a través de la lente de su posición política y social, su sentimiento de clase. Ese cuadro de costumbres corresponde a la sordidez de la realidad y lleva una intención política.

El cuento El Matadero tiene los perfiles de un esquema de héroe civil, los contornos del patriota que corresponden a un ideal romántico y al ideal unitario. Quizás ese héroe civil que quiso ser Esteban.

Es brutal la descripción de personas y perros en lucha por las achuras y el episodio en que aparece la espeluznante figura del niño decapitado por el lazo y que en seguida se olvida por la gente que se disputa los deshechos.

Y ahí tenemos claramente la intencionalidad el escritor: estas gentes pueden olvidad un hecho así porque ya están acostumbradas a un régimen de terror que les hace familiar algo que es una muerte brutal. Y por eso es posible el ultraje y la muerte del joven unitario, porque lleva la barba en U y no usa luto por la muerte de Doña Encarnación.

Ese luto fue obligatorio de los años 38 a 40 en pleno apogeo de la acción de la Mazorca. Una vez más vemos al gran escritor denunciante a través de ese método de sacrificar a las reses se extiende hacia el adiestramiento de los muchachos jóvenes en el oficio de cuchilleros por diversión.

Echeverría nos da detalles precisos y la ironía mordaz estalla en frases: “¡Qué nobleza de alma! ¡Qué bravura de los federales, siempre en pandilla cayendo como buitres sobre la víctima inerte!”. De esta manera la composición sigue los pasos calculados del efecto que desea conseguir: ubica la situación histórica, caracteriza el conflicto vital del pueblo, enfoca los grupos humanos que quiere examinar y denunciar, particulariza el drama político en una gradación de elementos, y culmina en el escalofriante desenlace de farsa trágica, que simboliza al país bajo el restaurador.

Esteban Echeverría confesó de sí mismo que “hasta la edad de 18 años fue mi vida casi toda externa: absorbiéndola sensaciones, amoríos, devaneos, pasiones de sangre y alguna vez la reflexión…yo pasaba las horas ignorando adónde iba, quien era, cómo vivía.”

Pero al morir su madre hubo una reflexión y sus estudios e intereses nos traen a aquel que fue capaz de absorber y conectarse con el mundo romántico, escuchar las voces de mayor valor tanto en la literatura como en la política y filosofía.

Algunos consideran 4 etapas en la vida de Echeverría: la de su residencia en Buenos Aires y de la que hablamos, hasta la muerte de su madre. La segunda es la de residencia en París entre 1825 y 1830 donde encontró los tesoros de la lectura y su mayor influencia en su pensamiento. Y la tercera etapa la de su magisterio romántico en la Argentina. La época de mayor significación de su vida y de su obra, ligada indisolublemente al proceso histórico, cultural y literario del país.

Lo que es realmente significativo es su actitud de búsqueda de una personalidad literaria, que conduce a la generación de ese momento por el camino del encuentro consigo misma, a la toma de decisiones a la aspiración literaria y alas concreciones programáticas sobre todo en 1837, año del Salón literario de Marcos Sastre.

Y nos quedó la cuarta etapa que es la vida de proscripto en Montevideo. El sombrío año 1840, con la persecución a la Asociación Joven Argentina y sus integrantes. Primero se fue a Los Talas, luego escapó a Colonia del Sacramento hasta llegar a Montevideo. Donde vivió su soledad entre penurias económicas sin ver sus ideales cívicos patrióticos hasta su muerte en 1851 unos meses antes de la caída de Rosas.

Pero el joven unitario del Matadero padeció y antes que lo maten “reventó de rabia el salvaje unitario-dijo uno. Tenía un río de sangre en las venas. Pobre diablo queríamos únicamente divertirnos con él y tomó la cosa a lo serio. Llamaban ellos salvaje unitario, conforme a la jerga inventada por el Restaurador, patrón de la cofradía, a todo el que no era degollador, carnicero, ni salvaje, ni ladrón; a todo hombre decente y de corazón bien puesto, a todo patriota ilustrado amigo de las luces y de la libertad; y por el suceso anterior puede verse a las claras que el foco de la federación estaba en el matadero”. Así termina el cuento El Matadero de Esteban Echeverría.

Esteban Echeverría nos dejó algunas consideraciones acerca de la poesía: “la poesía moderna, el romanticismo no imita ni copia: se nutre del mundo que la rodea. La poesía es la voz íntima de la conciencia”.

“La sustancia viva de las pasiones, el profético mirar de la fantasía, el espíritu meditabundo de la filosofía, penentrando y animando con la magia de la imaginación los misterios del hombre, de la creación y de la providencia…El arte debe huir siempre de las particularidades, girar siempre en el círculo de las ideas generales, abrazar con pincelada un cuadro vasto, un siglo, la humanidad entera si es posible. La poesía como expresión nacional de un pueblo debe tener color local.”

Secretos en la Reservada: Programa realizado con material bibliográfico de la Biblioteca del Congreso de la Nación. Secretos en la Reservada es un programa cultural que se emite por la radio de la Biblioteca del Congreso -www.bcnradio.com.ar-
Guión e investigaciones: María Julia Rillo
Voces: Silvana Castro y Azat Ambartsoumian

Fuentes bibliográficas
- Echeverría, Esteban, 1805-1851. Dogma socialista. Buenos Aires, La Cultura Argentina, 1915. Ubicación: C.R. 160         
- Echeverría, Esteban, 1805-1851. La cautiva. Buenos Aires, Peuser, 1946. Ubicación: C.R. 2811
- Echeverría, Esteban, 1805-1851. Los consuelos. [S.n.t.], Ubicación: B.G. 48      
Echeverría, Esteban, 1805-1851. Los consuelos. 2ª ed. Buenos Aires, Impr. Argentina, 1842. Ubicación: B.G. 87/2a       
- Echeverría, Esteban, 1805-1851. Obras completas de D. Esteban Echeverría. Buenos Aires, Impr. y Libr. de Mayo, 1870-1874. Ubicación: B.G. 698 ¦ C.R. 1341

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