Una enciclopedia (en griego: ἐνκύκλιos παιδεία [enkyklios paideia], 'círculo de la instrucción; educación redonda') es una obra de referencia que busca compendiar el conocimiento. Durante los años 40 y 70, tener una enciclopedia era sinónimo de poseer cierto grado de cultura. Además para un hogar de trabajadores resultaba un sacrificio enorme comprar una obra de consulta semejante, por lo que la forma de pago era en cuotas. Pero vayamos un poquito a la historia de esta forma de compendiar el saber y tenerlo a mano.
La Enciclopedia fue la obra más representativa de la Ilustración. Su nombre original es: “L’Encyclopédie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers” y fue editada entre los años 1751 y 1772. Contiene gran parte del saber del siglo XVIII y representa un esfuerzo enorme por parte de los autores para “ iluminar con la razón los pasos que la sociedad occidental debía dar para poder avanzar”. Esto que dije era la representación de cómo se veía a la enciclopedia en el siglo XVIII.
Sigamos con la historia. La idea de la Enciclopedia surgió cuando el editor francés André Le Breton quiso publicar una traducción de la Enciclopedia Británica, elaborada por Ephraim Chambers en 1728. Para llevar a cabo la tarea, se dirigió primero a John Mills y el abate Jean Paul de Gua de Malves. Ambos abandonaron el proyecto, por lo que Le Breton optó por dejarla en manos de Diderot y D’Alembert en 1742. Ellos serían de vital importancia para transformar el proyecto de una mera traducción a una fuente de conocimiento mucho más amplia y destinada a la expansión de conocimientos. Eso fue el toque. Finalmente la Enciclopedia usó como estructura de organización temática el árbol de los conocimientos humanos de Francis Bacon, así como influencias de Descartes y su “Discurso del método”.
Toda esta obra cultural y científica se publicó en 35 volúmenes de lo más variado: 17 eran de texto, 11 eran de grabados, 4 eran suplementos, 2 eran índices y contaba con un suplemento de grabados. En total participaron cerca de 150 colaboradores, siendo los más destacados Voltaire, Diderot, D’Alembert, Montesquieu, Rousseau, Helvétius, Condillac, D’Hollbach, Daubenton, Marmontel, Durmasais, Quesnay, Turgot y el caballero de Jaucort.
Para poder darle vida a tal cantidad de información, se tuvo que recurrir a 4 editores: Le Breton, Briasson, David y Durand. El proyecto dio trabajo a más de 1.000 obreros durante 25 años y fue una respuesta a la necesidad de actualizar los conocimientos que tenían las clases altas ilustradas. Según las estimaciones de la época, hubo 4.000 suscriptores, que ocupaban distintos puestos dentro de la sociedad, entre los que había médicos, administrativos técnicos e ingenieros, pocos comerciantes según las fuentes de la época. Diderot y el resto de colaboradores, a diferencia de los diccionarios científicos y culturales tradicionales, se ocupaban de un campo mucho más amplio y querían hacer ese conocimiento accesible para el público.
Las acciones y el producto de los enciclopedistas elaboraron un nuevo orden económico y social, por lo que la obra gozaba de ese espíritu filosófico, científico, crítico y burgués que el “Siglo de las Luces” pretendía extender por las sociedades del mundo.
Este aspecto es el que no fue bien recibido por la nobleza, el clero y los jesuitas, quienes trataron de impedir su publicación. Siempre el tema de la difusión del saber y la mezquindad…
La Enciclopedia desafiaba el dogma católico y clasificaba a la religión como una rama de la filosofía, en lugar de ponerla como el último recurso del conocimiento y de la moral. En 1752 se prohibieron los dos primeros volúmenes y, varios años más tarde, entró a formar parte del “Índice de libros prohibidos” de la Iglesia Católica, el famoso “Índex“ que ésta había elaborado. El Estado comenzó a practicar la censura sobre los volúmenes ya publicados y a prohibir nuevas publicaciones. Pero esto no frenó las intenciones de Diderot y Le Breton, quienes consiguieron terminar su proyecto en 1772.
De 1776 a 1780, el editor Charles-Joseph Panckoucke retomó la edición de la Enciclopedia, independientemente de Diderot y Le Breton. Panckoucke lanzó 5 suplementos y 2 volúmenes de la “Tabla analítica y razonada”. Después, durante el siglo XIX, la Enciclopedia fue ampliada hasta alcanzar los 166 volúmenes y denominarse Enciclopedia Metódica. De manera general puede decirse que la obra incentivó y difundió la filosofía de los ilustrados y al mismo tiempo , siguiendo el ejemplo de Diderot, D’Alembert y Le Breton, la Enciclopedia se extendió por el resto de los países europeos, donde fue completada e imitada.
Borges decía que había aprendido todo lo que sabía en la edición de La Enciclopedia Británica de 1911. Se trata de la undécima edición de 1910-1911 con 29 volúmenes y fueron la suma del conocimiento alcanzado hasta la víspera de la Primera Guerra Mundial. fue la obra que Aldous Huxley llevaba consigo para leer de corrido en sus viajes y que Borges utilizó para urdir en 1935 su libro la Historia Universal de la infamia. De joven todas las noches iba a la Biblioteca Nacional como él cuenta: su timidez le impedía solicitar libros, tomaba de la sección de referencia un tomo de la Británica y buscaba un artículo que le interesara. En 1929 obtuvo un premio municipal; con el dinero de ese premio se compró una undécima edición de segunda mano de la enciclopedia británica. Referido a esto, Emir Rodríguez Monegal señala que la Enciclopedia, como estructura literaria y modelo de prosa, sirvió a Borges para sus ensayos y para algunos de sus cuentos más célebres. Pero hay otra Enciclopedia la de Borges, esa que está dispersa en cientos de notas y ensayos y en libros que escribió a solas y con sus amigas y amigos. También su obra de crítico, traductor y editor.
Dejamos el audio del programa: https://soundcloud.com/colecciones-especiales-dce/secretos-en-la-reservada-una-enciclopedia

Comentarios
Publicar un comentario