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Milena Jesenska y Franz Kafka

Entre los libros de nuestra biblioteca encontramos un personaje que nos llamó la atención y decidimos compartirlo. Es sobre Franz Kafka o mejor dicho la periodista checa Milena Jesenska.

Milena se incorporó a la historia de la literatura universal por su relación amorosa con Franz Kafka, autor de La metamorfosis, El castillo, El proceso y otras obras. Ella, Milena, tradujo al checo las obras de Kafka. Porque a pesar de ser checo, nacido en Praga, Kafka escribía en alemán. Además la conocemos por las cartas; nuevamente el género epistolar es generoso.

Kafka escribió Las cartas a Milena entre 1920 y 1922, mientras ella vivía en Viena donde se bancaba al marido como podía por un lado, y por el otro estaba Kafka enfermo de tuberculosis, Milena se la pasaba dándole ánimo. El pobre Kafka murió sin ser reconocido como lo fue después. Pero nos parece que Milena fue mucho más que un amor de Kafka. Ella tenía un espíritu indomable, su talento, su petriotismo la convirtieron en el símbolo de la liberación femenina y de la identidad cultural checa. Justo le tocó vivir en el período entre las dos guerras de 1896 y 1944. La primera que concluyó en 1918 y la segunda comenzaba en 1939 fue un periodo muy intenso para el mundo y para los países eslavos, porque formaron parte del imperio austro húngaro y recuperaron por un breve lapso, una historia propia.

Hay una biografía de Milena escrita por Marguerite Buber-Neumann en la que se detalla toda su vida. Un dato a tener en cuenta es que la autora de la biografía conoció a Milena -lo que contribuye a lo testimonial- y ambas estuvieron detenidas por los nazis y como Milena supuso que no resistía su salud le contó su vida a Marguerite; ella vivió para contarlo.

Milena provenía de una familia checa y de la alta burguesía. Su padre fue médico y ella decidió no seguir con esa carrera. Esto, naturalmente, produjo un distanciamiento entre padre e hija, y Milena se vinculó con las primeras feministas checas y frecuentó los cafés literarios de la Praga de la posguerra. Estaba casada contra la voluntad paterna con un crítico de arte de origen judío. Y como se llevó mal con su marido se fue a Viena y allí escribió en periódicos culturales para poder vivir. Abordó asuntos sociales, pequeñas historias y conflictos personales. Al principio simpatizó con el comunismo pero luego advirtió en sus escritos acerca del peligro soviético. Sabemos también que estuvo internada por trastornos físicos y mentales, en parte elegía mal a los maridos. Se casó dos veces. 

Con la llegada de Hitler al poder y la posterior invasió nazi, Milena se incorporó a una organización que rescataba judíos y así fue apresada y enviada en 1944 al campo de concentración de Ravensbruck.

Hasta aquí hemos hablado de Milena, pero ella conoció a Kafka en 1919 en Praga. Le comunicó su intención de traducir sus relatos al checo. Era trece años más joven que él y sucedió que el escritor se enamoró de ella sin conocerla. De hecho, en una de las primeras cartas confiesa que no recuerda los rasgos de su cara. Quizá su enamoramiento tuviera que ver con otros aspectos, porque Milena era una mujer independiente, una mujer de mundo, y libre, fuera de lo común. Era un mal momento en la vida de Kafka, atrapado entre los problemas de salud causados por una tuberculosis incipiente, su ruptura con Felice Bauer y su matrimonio frustrado con Julie, los problemas con su propio padre y una prolongada parálisis creativa. Es entonces cuando comenzaron a cruzarse cartas en abril de 1920, que empezaron siendo ceremoniosas y que acabaron siendo diarias.

Kafka habla en una de ellas de este deseo inmoderado de cartas.  De esta manera el escritor encontró una forma de contacto   menos problemática que la de la relación directa creyendo ocultar su propia inseguridad. Él veía en Milena la imagen de la firmeza y la seguridad de una mujer decidida y dueña de su destino. Lo había demostrado antes de conocer a Kafka y lo siguió demostrando después de escribir su necrológica.

Y tal vez lo mismo que le atraía de Milena -su experiencia, su desenvoltura, su inteligencia- es lo que le acabó asustando. En una de sus cartas Kafka se refiere al doble efecto, perturbador y tranquilizante, que le produce su relación con Milena. Posiblemente sea eso lo que explique la resistencia de Kafka a viajar a Viena para encontrarse con ella, aunque finalmente fue. Kafka hablaba de una Milena epistolar, no de la Milena real cuando decía en una carta a su amigo Max Brod que era un fuego vivo como nunca había visto antes, y al mismo tiempo extraordinariamente delicada, valerosa, inteligente. 
De todas las mujeres que pasaron por la vida de Kafka -y fueron muchas, contra lo que suele creerse- ninguna como Milena había comprendido la genialidad de su obra. Era, dice la traductora, “una mujer que estaba a su altura intelectual (...), la única que tenía la inteligencia y la sensibilidad necesaria para comprenderlo y vivir con él.” 

¡Esta relación era digna de novela! Entre los dos había una dependencia mutua que explica el ritmo del intercambio epistolar durante seis meses en 1920. Pero, se cree que  posiblemente un problemático contacto físico durante los cuatro días en que Kafka estuvo con ella en Viena, provocaron una ruptura temprana, que fue ya inevitable tras otro encuentro, de unas horas, en Gmünd, del que la relación salió rota.

Kafka decía mientras la angustia comenzaba a sobrevolar las cartas, le decía a Milena que su relación era imposible porque ambos se encontraban casados: "ella con un hombre en Viena, él con la angustia en Praga".

La comunicación epistolar fue muy fluida hasta que él le envió el siguiente mensaje: "Quería romper esta carta, no enviarla, no responder al telegrama, los telegramas son muy ambiguos; pero ahora han llegado la postal y la carta, esa postal, esa carta. Pero también respecto a ellas, Milena, y aunque hubiera de morderme la lengua que desea hablar: ¿cómo puedo creer que necesites las cartas ahora, si lo que necesitas es únicamente sosiego, como tú misma lo has dicho casi sin darte cuenta? Y estas cartas son sólo un tormento, provienen de un tormento incurable, sólo causan un tormento incurable; ¿a dónde nos va a llevar esto (y hasta puede empeorar) en este invierno? Guardar silencio, esa es la única manera de vivir, aquí y ahí. Con tristeza, bueno, ¿qué importa? El sueño es así más infantil y más profundo. Pero el tormento equivale a pasar un arado a través del sueño -y a través del día-, eso no se puede soportar."

Desde este momento las cartas son esporádicas, distantes no sólo en el tiempo, sino en el trato y  Kafka deja de tutear a Milena y la trata ya de ‘usted’ hasta la última carta, fechada el 25 de diciembre de 1923, que termina así: "Y ahora, pese a todo, mis ‘mejores saludos’: qué importa si ya caen al suelo en la verja del jardín, quizás la fuerza de usted sea así un poco mayor. Suyo K."

Estas cartas son más que un mero epistolario. La traductora de ellas decía son “Una novela de amor, con una sola voz”. Añadía: “Justamente en esta ‘sola voz’ estriba para mí como traductora su principal dificultad” porque “al ser la materia de las cartas de naturaleza mucho más espinosa -sus miedos e inhibiciones sexuales, por ejemplo- que la de otros intercambios epistolares, Kafka no se expresa siempre con esa prosa fluida y grata con lo que escribe a Felice Bauer, su primera novia, sino que a menudo es un estilo fragmentario,  elíptico, oscuro y nebuloso. Pero no por eso menos fascinante."


Dejamos el vínculo para escuchar el programa: Milena Jesenska y Franz Kafka

Franz Kafka y Milena Jesenska

Bibliografía:

Kafka, Franz. Cartas a Milena; traducción de Nélida Mendilaharzu de Machain. Buenos Aires : Losada, 1981.

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